"El mito de Albert Speer"
Albert Speer fue el arquitecto a cargo de todos los proyectos que Hitler tenía en mente para la creación de su ciudad e imperio.
Siendo todavía un arquitecto muy joven y con poca experiencia, se ganó la confianza de Hitler, convirtiéndose en su arquitecto personal.
Las obras que creó reflejaban exactamente lo que el führer buscaba: magnificar su persona, imponer miedo a quienes las veían y recorrían, expresar el poder que tenía en aquel momento, y levantar el ánimo y la idea de superioridad de sus tropas.
Speer fue, además, el mayor confidente de Hitler, pues a él le contaba sus deseos y anhelos. Por ello, tenía una clara idea de lo que al líder nazi quería para sus dominios.
Pero esta posición "privilegiada" le cobró un gran precio, ya que, al caer Alemania en la Segunda Guerra Mundial, fue acusado por crímenes contra la humanidad y confinado a prisión por una gran parte de su vida.
Speer fue un gran arquitecto que, quizá, trabajó para las personas equivocadas. Sin embargo, hizo lo que todo arquitecto que se digne de serlo haría, y no importando para quién se trabajara, el objetivo era siempre es el mismo: crear obras que provoquen sensaciones específicas.
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